Tras la reconquista perteneció a la Orden del Temple, pasando a depender del Señorío de Los Zúñiga, Duques de Béjar. Hasta el año 1816 estuvo unida a la salmantina Béjar. En ese mismo año el rey Fernando VII la elevó al rango de villa libre, por ser uno los pueblos más felices de su reino. A partir de 1833 pasó a la jurisdicción de la provincia de Cáceres.
Sus principales atractivos turísticos son: Pasear por sus calles, el barrio judío y el puente romano. Es muy famoso el vino de pitarra.










